Masticación y cerebro: mucho más que un acto mecánico
La masticación no es solo un acto mecánico para fragmentar los alimentos y facilitar su digestión, sino un proceso clave que activa y coordina diferentes áreas del cerebro. Cuando masticamos, el sistema nervioso regula de manera coordinada los movimientos de la mandíbula, la lengua y los labios, al tiempo que procesa la información sensorial que proviene de la boca, como la textura, la temperatura o el sabor de los alimentos. Esta interacción entre sensaciones y movimientos permite formar un bolo alimentario seguro y eficaz para la deglución.
El papel del tronco encefálico en la deglución
Además del cerebro, el tronco encefálico —especialmente el bulbo raquídeo— desempeña un papel fundamental en este proceso, ya que coordina de manera automática los movimientos necesarios para tragar. Una masticación adecuada facilita así una deglución más segura y efectiva, y contribuye a reducir el riesgo de que una parte de los alimentos pase hacia las vías respiratorias (lo que se conoce como aspiración).
Neuroplasticidad y disfagia: cómo la masticación puede ayudar
Los estímulos sensoriales que se generan durante la masticación activan mecanismos neurológicos implicados en el inicio de la deglución. Esto mejora la respuesta de los músculos implicados y favorece la neuroplasticidad —la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizarse—, especialmente en personas con alteraciones neurológicas o dificultades para tragar, una condición conocida como disfagia.
La masticación como estrategia terapéutica en la disfagia
Teniendo en cuenta estos mecanismos, masticar bien puede convertirse en una estrategia terapéutica de gran valor clínico. En casos de disfagia, la introducción de alimentos con texturas seguras que estimulen la masticación puede ayudar a preservar, estimular o incluso recuperar funciones relacionadas con la deglución.
Recomendaciones para mantener una masticación saludable
Existen diversas recomendaciones que pueden ayudar a mantener o estimular esta función. Es importante dedicar el tiempo necesario a masticar bien cada bocado, ya que una masticación pausada y eficaz facilita la formación del bolo y reduce el riesgo de aspiración. Siempre que sea posible y no haya contraindicación médica, conviene evitar una dieta exclusivamente blanda o triturada, con el fin de mantener activa la función sensorial y motora de las estructuras de la boca y la cara.
Señales de alerta a tener en cuenta
También es importante estar atentos a posibles señales de alerta que podrían indicar alteraciones en la deglución, como tos durante o después de las comidas, cambios en la voz o dificultad para tragar, ya que pueden requerir una valoración especializada.
Masticar bien: un hábito sencillo con un gran impacto en la salud
En definitiva, masticar correctamente contribuye no solo a una mejor digestión, sino también a la salud cerebral y a la seguridad de la deglución. Es un hábito aparentemente sencillo pero con un gran impacto funcional, que puede ayudar a prevenir complicaciones y a reforzar los circuitos neuromusculares implicados en este acto vital. Si se realiza de manera consciente y adecuada, puede convertirse en una herramienta terapéutica eficaz, especialmente en contextos de prevención o rehabilitación de la disfagia.
Cristina Fernández-Getino Sallés, logopeda de la Clínica Universitaria